lunes, 15 de enero de 2018

El Buscador I


Y finalmente lo encontró. Sin saber que lo estaba buscando. Es más, todavía hoy, tanto tiempo después, no se sabe si Él encontró ese cúmulo de hojas o si el cúmulo de hojas lo encontró a Él. 

Hacía poco tiempo se había mudado a esa casa, con todo lo que implica. Era empezar de nuevo. O casi. Dejar, abandonar, soltar. Iniciar, comenzar, intentar. Y decidió, antes de invadir lo nuevo con lo viejo, buscar con qué lo viejo recibía la novedad.

Recorrió todos los rincones de la casa, una vez más. Levantaba la alfombra, espiaba detrás de los muebles, abría armarios y cajones… Y finalmente lo encontró. Frente a sus ojos había un cúmulo de hojas amarillentas, con ese hermoso aroma a libro antiguo. De inmediato se puso a hojear esos manuscritos con un cariño reverencial.

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